Yo. Así es como empiezo mirando el culo de mi vaso, en aquel
bar, estaba rodeada de gente, de muchos cuadros en las paredes, en un taburete
de madera, mirando al camarero que daba vueltas por todo el bar, agobiado, por
toda la gente que había, esbocé una sonrisa mientras le miraba, no podía aguantarme,
era demasiado estrés el suyo. Vi a una pareja sentadas en esas sillas que están
enfrente una de la otra y la mesa de por medio, con la mano izquierda extendida
y agarrándosela fuerte mientras hablaban, y ahí recordé. Porque estaba en ese
sitio, porque tenía un cubata de whisky con limón, y con más whisky que limón…me
vino a la mente cuando yo venía aquí con él, y nos sentábamos en esos asientos
unidos, y como me abrazaba y me contaba sus batallitas para hacerme reír. Le
doy un sorbo a mi vaso. No sé, no llego a entender que con lo bien que estábamos
todo haya caído…bueno, siempre he tenido la teoría de que el amor es pasajero y
que no dura para siempre. Pero era tan perfecto con él, que llegue a cambiar
esa teoría, y mirarme, aquí me encuentro tirada en un bar. Esperando que
alguien llegue y me bese sin darme explicaciones, que alguien me saque a
bailar, pero se que esa noche no será el caso. Vi de nuevo al camarero, que se sentó
a mi lado agobiado, y empezó a contarme, desahogándose, todo lo mal que lo
estaba pasando allí, y yo hice lo mismo. Siempre me han dicho que es más fácil contarle
las cosas a un desconocido, el no te juzga, y bueno eso hice…eso hicimos, y
acabamos en mi cama besándonos, borrachos, con tequila en la mesilla de noche.
El me ayudo, yo le ayude.
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