domingo, 9 de septiembre de 2012

Una taza de te, por favor, para este desnatado corazón.


Yo. Así es como empiezo mirando el culo de mi vaso, en aquel bar, estaba rodeada de gente, de muchos cuadros en las paredes, en un taburete de madera, mirando al camarero que daba vueltas por todo el bar, agobiado, por toda la gente que había, esbocé una sonrisa mientras le miraba, no podía aguantarme, era demasiado estrés el suyo. Vi a una pareja sentadas en esas sillas que están enfrente una de la otra y la mesa de por medio, con la mano izquierda extendida y agarrándosela fuerte mientras hablaban, y ahí recordé. Porque estaba en ese sitio, porque tenía un cubata de whisky con limón, y con más whisky que limón…me vino a la mente cuando yo venía aquí con él, y nos sentábamos en esos asientos unidos, y como me abrazaba y me contaba sus batallitas para hacerme reír. Le doy un sorbo a mi vaso. No sé, no llego a entender que con lo bien que estábamos todo haya caído…bueno, siempre he tenido la teoría de que el amor es pasajero y que no dura para siempre. Pero era tan perfecto con él, que llegue a cambiar esa teoría, y mirarme, aquí me encuentro tirada en un bar. Esperando que alguien llegue y me bese sin darme explicaciones, que alguien me saque a bailar, pero se que esa noche no será el caso. Vi de nuevo al camarero, que se sentó a mi lado agobiado, y empezó a contarme, desahogándose, todo lo mal que lo estaba pasando allí, y yo hice lo mismo. Siempre me han dicho que es más fácil contarle las cosas a un desconocido, el no te juzga, y bueno eso hice…eso hicimos, y acabamos en mi cama besándonos, borrachos, con tequila en la mesilla de noche. El me ayudo, yo le ayude. 

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