Iba caminando por la calle, con ese
aspecto de niña buena pero lista, ella iba a su aire, con la música alta, muy
alta, tan alta que se entendía al cantante a través del casco. Iba con su
vestidito blanco con estampes de flores violetas, sus zapatos morados y una
trenza muy larga, comiendo un helado, disfrutando de la vida. Se había agarrado
a eso llamado felicidad y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de no
soltarla. Ella era eso, feliz, era estado puro, alegría contenida, imaginación
insertada en venas. Ella era todo eso hasta que le conoció a él. Y empezó a
dejar de pisar fuerte para pisar a su lado, y con el paso del tiempo se
enamoro, se enamoro de tal forma que podía cambiar la forma de vestir, de
vivir, por el. Hasta que un día se dio cuenta de que nadie podía cambiarla, que
la tenían que querer tal y como era, así, tan feliz, tan diferente a todos los
demás, con tanta atención…El no se dio cuenta de la misma manera y pasaron
pagina, esa página que muestra otra nueva, quien sabe, tal vez, algún día
encuentre a alguien que la quiera como es.

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