viernes, 3 de agosto de 2012

Si no abres bien los ojos muchas cosas no se ven.


Me senté en el autobús, me puse los cascos para escuchar la radio y deje que mis ojos se perdiesen en el horizonte a través de la ventana, evadirme, pensar en mi. Y empecé a mirar, a observar…como una niña agarraba a su madre después de haberse caído, como un perro echaba a correr a encontrarse con su dueño mientras que la novia le sujetaba con la mayor fuerza, como había personas de mi edad con los cascos puestos bailando por mitad de la calzada, como había otras tantas con los móviles, y cuantos ancianitos había en los bancos viendo el tiempo pasar, como un hombre iba con un ramo de rosas rojas y algunas blancas, a saber donde las llevaba, y todas esas personas no sabían que yo las miraba, actuaban por su cuenta. Y es que son pequeños detalles, detalles en los que normalmente la gente no se fija, están tan centrados en sus cosas, que no ven todas las cosas que les rodean, como todos esos pájaros que vi en el cielo que hacían forma de flecha, y todas esas estrellas fugaces que veo en verano, o cuando la luna se pone naranja, cuando veo a una pareja rencontrarse y besarse, cuando alguien mira a otra persona y sonríe, rasgos faciales. Esos son los detalles por los que mereces tener ojos, y poder percibir las cosas, y la mayoría de las personas no usan esa capacidad.

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